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Vive Libre Semana 3

Episode Summary

1. Renuncia a ti mismo (vv. 1–4) Pablo comienza con cuatro afirmaciones que podrían traducirse como “ya que” o “puesto que”. Ya que han recibido: Consuelo en Cristo. Ánimo de su amor. Comunión del Espíritu. Afecto y compasión. Entonces deben responder de una manera específica. Pablo compara a los filipenses con un jardín. Las semillas ya fueron sembradas, regadas y reciben la luz necesaria. El gozo del jardinero se completa cuando las plantas crecen y producen fruto. Todo lo necesario para crecer ya está presente; ahora deben perseverar. ¿Y cuál es el fruto que Pablo espera ver? Que tengan un mismo sentir. Esto no significa uniformidad absoluta, sino una misma misión y propósito. Por eso dice: “No hagan nada por rivalidad o vanagloria; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos.” Cuando vemos a un equipo de fútbol competir, cada jugador debe estar enfocado en el mismo objetivo. Si comienzan a competir entre ellos en lugar de trabajar juntos, perderán el partido. Los cristianos forman parte del mismo equipo. No hay lugar para el ego dentro del cuerpo de Cristo. La madurez cristiana es una carrera hacia abajo. No existe un límite para la humildad cristiana. Nunca llega el momento en que Dios diga: “Ya has sido suficientemente humilde”. Cuando pensamos que hemos descendido lo suficiente, Dios nos llama a ir más profundo. Nuestro corazón tiende naturalmente al orgullo. No necesitamos esforzarnos para ser orgullosos; necesitamos esforzarnos para ser humildes. Algunas personas piensan que su posición, experiencia, riqueza o prestigio las eximen de servir en tareas sencillas. Pero Jesús enseñó: “El mayor entre ustedes será su servidor.” El llamado de Dios es claro: Renuncia a ti mismo. Mira a tus hermanos y hermanas. Vive con humildad y sirve. 2. Refleja a Cristo (vv. 5–11) Para mostrar cómo es la verdadera humildad, Pablo dirige nuestra mirada a Jesús. Probablemente cita uno de los himnos más antiguos de la iglesia. Dice: “Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús.” Antes de nacer en Belén, Jesús existía en toda la gloria de Dios. Porque Él es Dios. Sin embargo, no se aferró a sus privilegios ni utilizó su posición para beneficio propio. Se humilló voluntariamente. Esto no significa que dejó de ser Dios. Significa que renunció a los privilegios de su posición para servir. Cuando era niño, me gustaba copiar dibujos colocando una hoja sobre la imagen y trazando sus contornos. Si colocáramos una hoja sobre la vida de Jesús y siguiéramos sus líneas, no aparecería la imagen de un rey sentado en un trono. Aparecería la figura de un siervo. El que merecía toda la gloria eligió servir. El que merecía toda la honra eligió humillarse. Y llevó esa humildad hasta el punto más bajo: La muerte en una cruz. Jesús descendió hasta donde nadie más podía descender. Por eso Dios lo exaltó hasta lo más alto. Su disposición a humillarse confirmó su derecho a recibir toda gloria. Esto nos lleva a una pregunta importante: Si Jesús estuvo dispuesto a renunciar a la gloria que legítimamente le pertenecía, ¿cuánto más deberíamos nosotros dejar de lado nuestro orgullo para servir a otros? Aplicación Si alguien colocara una hoja sobre tu vida y trazara sus líneas, ¿qué imagen aparecería? ¿Una persona preocupada por lo que puede recibir o por lo que puede dar? ¿Alguien que piensa que ciertas tareas están por debajo de él? ¿Alguien que se siente con derechos o alguien que sirve generosamente? ¿Una persona orgullosa o un siervo humilde? La forma en que crecemos en la fe es siguiendo el ejemplo de Cristo. Todos los días, nuestros hijos, cónyuges, amigos y compañeros observan nuestras vidas. Si la forma de nuestra vida no refleja humildad y servicio, no estamos reflejando a Cristo. Nuestra humildad y servicio mutuo son una de las maneras más claras de mostrar a Jesús al mundo. Conclusión El fruto de la obra de Dios en nosotros es una vida de humildad y servicio. Aunque todavía estemos creciendo y no reflejemos perfectamente a Cristo, cada día que lo miramos y seguimos su ejemplo nos parecemos más a Él. Más que heredar ropa, dinero o un apellido, deseo dejar a mis hijos un ejemplo de servicio humilde. Y esta es la promesa para todos nosotros: Cuando renunciamos a nosotros mismos y reflejamos a Cristo, cuando vivimos con humildad y servimos, Dios es glorificado en medio de nosotros y brillamos con más fuerza en un mundo oscuro.

Episode Notes

1. Renuncia a ti mismo (vv. 1–4)

Pablo comienza con cuatro afirmaciones que podrían traducirse como “ya que” o “puesto que”.

Ya que han recibido:

Entonces deben responder de una manera específica.

Pablo compara a los filipenses con un jardín. Las semillas ya fueron sembradas, regadas y reciben la luz necesaria. El gozo del jardinero se completa cuando las plantas crecen y producen fruto.

Todo lo necesario para crecer ya está presente; ahora deben perseverar.

¿Y cuál es el fruto que Pablo espera ver?

Que tengan un mismo sentir.

Esto no significa uniformidad absoluta, sino una misma misión y propósito.

Por eso dice:

“No hagan nada por rivalidad o vanagloria; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos.”

Cuando vemos a un equipo de fútbol competir, cada jugador debe estar enfocado en el mismo objetivo. Si comienzan a competir entre ellos en lugar de trabajar juntos, perderán el partido.

Los cristianos forman parte del mismo equipo.

No hay lugar para el ego dentro del cuerpo de Cristo.

La madurez cristiana es una carrera hacia abajo.

No existe un límite para la humildad cristiana.

Nunca llega el momento en que Dios diga: “Ya has sido suficientemente humilde”.

Cuando pensamos que hemos descendido lo suficiente, Dios nos llama a ir más profundo.

Nuestro corazón tiende naturalmente al orgullo. No necesitamos esforzarnos para ser orgullosos; necesitamos esforzarnos para ser humildes.

Algunas personas piensan que su posición, experiencia, riqueza o prestigio las eximen de servir en tareas sencillas. Pero Jesús enseñó:

“El mayor entre ustedes será su servidor.”

El llamado de Dios es claro:

Renuncia a ti mismo. Mira a tus hermanos y hermanas. Vive con humildad y sirve.

 

 

2. Refleja a Cristo (vv. 5–11)

Para mostrar cómo es la verdadera humildad, Pablo dirige nuestra mirada a Jesús.

Probablemente cita uno de los himnos más antiguos de la iglesia.

Dice:

“Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús.”

Antes de nacer en Belén, Jesús existía en toda la gloria de Dios.

Porque Él es Dios.

Sin embargo, no se aferró a sus privilegios ni utilizó su posición para beneficio propio.

Se humilló voluntariamente.

Esto no significa que dejó de ser Dios.

Significa que renunció a los privilegios de su posición para servir.

Cuando era niño, me gustaba copiar dibujos colocando una hoja sobre la imagen y trazando sus contornos.

Si colocáramos una hoja sobre la vida de Jesús y siguiéramos sus líneas, no aparecería la imagen de un rey sentado en un trono.

Aparecería la figura de un siervo.

El que merecía toda la gloria eligió servir.

El que merecía toda la honra eligió humillarse.

Y llevó esa humildad hasta el punto más bajo:

La muerte en una cruz.

Jesús descendió hasta donde nadie más podía descender.

Por eso Dios lo exaltó hasta lo más alto.

Su disposición a humillarse confirmó su derecho a recibir toda gloria.

Esto nos lleva a una pregunta importante:

Si Jesús estuvo dispuesto a renunciar a la gloria que legítimamente le pertenecía, ¿cuánto más deberíamos nosotros dejar de lado nuestro orgullo para servir a otros?

 

 

Aplicación

Si alguien colocara una hoja sobre tu vida y trazara sus líneas, ¿qué imagen aparecería?

La forma en que crecemos en la fe es siguiendo el ejemplo de Cristo.

Todos los días, nuestros hijos, cónyuges, amigos y compañeros observan nuestras vidas.

Si la forma de nuestra vida no refleja humildad y servicio, no estamos reflejando a Cristo.

Nuestra humildad y servicio mutuo son una de las maneras más claras de mostrar a Jesús al mundo.

 

 

Conclusión

El fruto de la obra de Dios en nosotros es una vida de humildad y servicio.

Aunque todavía estemos creciendo y no reflejemos perfectamente a Cristo, cada día que lo miramos y seguimos su ejemplo nos parecemos más a Él.

Más que heredar ropa, dinero o un apellido, deseo dejar a mis hijos un ejemplo de servicio humilde.

Y esta es la promesa para todos nosotros:

Cuando renunciamos a nosotros mismos y reflejamos a Cristo, cuando vivimos con humildad y servimos, Dios es glorificado en medio de nosotros y brillamos con más fuerza en un mundo oscuro.